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Bicentenario del combate del “Empecinado” con los franceses en Cifuentes

Artículo de Fernando Bermejo en el que se relata el combate en Cifuentes entre la guerrilla liderada por "el Empecinado" y las tropas francesas en 1810.

Napoleón, triunfante en Europa, fija su codiciosa mirada sobre suelo español, obligando al rey de España, Carlos IV, para que sea su aliado en la conquista de Portugal. Este es el pretexto que utiliza el ambicioso emperador para invadir la península, pero muy pronto se hizo evidente para todos que la entrada consentida de las tropas napoleónicas se había convertido en una ocupación de nuestro país en toda regla. Consciente finalmente de este hecho, Manuel Godoy tramó la huida de la familia real hacia Andalucía y la corte se desplaza a Aranjuez. Allí sus planes se van a ver frustrados, pues el 19 de marzo de 1808 estalló un motín popular organizado por la facción de la corte partidaria del príncipe de Asturias, futuro Fernando VII, que no apoyaba las decisiones tomadas por Godoy y por su padre. El motín de Aranjuez precipitó la caída de Godoy y, lo que fue más importante aún, obligó a Carlos IV a abdicar en su hijo con el título de Fernando VII.

Con las tropas francesas del general Murat en Madrid, el enfrentamiento entre padre e hijo sólo tenía un árbitro posible, así Napoleón llamó a ambos a Bayona en la frontera francesa y les forzó a abdicar en su hermano José Bonaparte, en lo que se conoce como las abdicaciones de Bayona por las que los borbones españoles cedieron sus derechos sobre la corona española a la dinastía Bonaparte y que se firmaron definitivamente el 6 de mayo.

Ante la evidencia de la invasión francesa y las noticias que llegaban desde Bayona, el gran descontento popular unido al resentimiento de la población por las exigencias de manutención de las tropas extranjeras, que estalló en numerosos incidentes y episodios de violencia, junto con la fuerte inestabilidad política existente propició el estallido popular el 2 de mayo de 1808, iniciándose una insurrección en Madrid abortada por la represión de las tropas napoleónicas. Los días siguientes los levantamientos antifranceses se extienden por todo el país, iniciándose en ese momento lo que se conocerá como la guerra de la Independencia (1808-1814).

Tras las abdicaciones de Bayona el nuevo monarca José I tratando de atraerse a la opinión ilustrada, concedió algunos derechos más allá del absolutismo mediante el estatuto de Bayona. Pero la insurrección popular contra José I llevó al país a una situación de "vacío de poder" que desencadenó en la caída definitiva del modelo monárquico existente en la España del antiguo régimen. Para hacer frente al invasor, se constituyen juntas provinciales, que asumen la soberanía en nombre del rey ausente. En septiembre de 1808, las juntas provinciales se coordinaron y se constituyó la junta central suprema. Pese a que gran parte de los miembros de estas juntas eran conservadores y partidarios del antiguo régimen, la situación bélica provocó la asunción de medidas revolucionarias como la convocatoria de cortes. Tras el levantamiento general contra los invasores, las tropas españolas consiguieron algún triunfo como la victoria de Bailén en julio de 1808, lo que ocasionó que para poner fin a dichos levantamientos acudiera el propio Napoleón, al frente de 250.000 hombres, en otoño de ese año a la península ocupando la mayor parte del país, excepto las zonas periféricas y montañosas donde se inició la "guerra de guerrillas" contra el ejército francés.

Durante seis años, se enfrentaron el ejército francés, con el apoyo de los "afrancesados", y la guerrilla española, formada por antiguos militares españoles y campesinos, ayudados por el ejército británico enviado a la península. El año decisivo para el desenlace de la contienda será 1812, así el ejército del general británico Wellington con el apoyo de españoles y portugueses infringió sucesivas derrotas a los franceses en las batallas de Arapiles y San Marcial. Tras la catástrofe de la Grande Armée en Rusia, un Napoleón completamente debilitado devolvió la corona a Fernando VII por el Tratado de Valençay firmado en diciembre de 1813 y las tropas francesas abandonarán al poco tiempo suelo español tocando a su fin la cruenta guerra de la Independencia.

En lo que a nuestro estudio se refiere, señalar que la villa de Cifuentes, según la nueva división territorial implantada por los franceses, se situaba en la prefectura de Guadalajara. Aunque analizando la situación desde el lado de la resistencia española, como señalábamos con anterioridad, para canalizar las fuerzas en la lucha frente al invasor se constituyen juntas provinciales dependientes de una junta central suprema. Quedando la villa de Cifuentes encuadrada dentro de la junta provincial de Guadalajara, que según datos recogidos en la sección de estado del A.H.N. adquirió ese nombre el 13 de septiembre de 1809 al conferir la junta central a la junta de Sigüenza el título de provincial para que fuera representativa de todos los pueblos de la provincia de Guadalajara. Dicha junta tuvo que peregrinar a diversas poblaciones impulsada por la presencia francesa teniendo su sede amplios periodos de tiempo en Sigüenza, pero trasladándose también a pueblos como Huertahernando, Ocentejo o Sacecorbo; siempre estando en contacto con el ejército regular y las partidas de guerrilleros a fin de cumplir las órdenes emanadas de la junta central, casi todas relacionadas con asuntos de guerra, y organizar en lo buenamente posible la administración. Destacar de estas juntas provinciales que por primera vez van a estar compuestas por representantes del pueblo que luchan por el anhelo de independencia, plasmando en esta guerra un doble sentido de revuelta popular contra el invasor extranjero y de revolución social.



Cifuentes y los cifontinos, al igual que el resto de españoles se levantaron frente a la opresión del ejército invasor. La situación económica de la villa se parece mucho a la que vivieron los cifontinos un siglo antes durante la guerra de Sucesión. Y es que de nuevo tienen que mantener al ejército invasor, en esta ocasión el francés, que se iba avituallando a costa de las localidades que iba tomando, como ejemplo señalar que en 1808, antes del estallido de la guerra se obliga a las villas de Atienza, Cifuentes, Cogolludo, Jadraque, Medinaceli, Molina de Aragón y Sigüenza a enviar al ejército francés de paso por Buitrago las siguientes provisiones: mil raciones de pan, carne, vino, leña, sal y legumbres, y otras mil de forraje diariamente. Pero peor será más tarde en plena guerra cuando tienen que aprovisionar al ejército extranjero y al español, lo que ocasionará de nuevo en la población una gran falta de alimentos y el empobrecimiento general de la misma. Aunque en ciudades de más tamaño fue donde más se notó la caristia, la población cifontina también la sufrió, quedando sus campos improductivos año tras año por falta de brazos que lo trabajaran pues los hombres marchan al frente quedando únicamente en la villa mujeres, ancianos y niños. Además de notar la acción enemiga al robar cosechas y ganados hasta dejar a la comarca sin los productos más básicos. Reseñar como describe literariamente la pobreza de los pueblos Benito Pérez Galdós en sus “Episodios Nacionales” y concretamente en el capítulo que el autor dedica a Juan Martín el Empecinado: “… Los campos desolados no tenían mulas que los arasen, ni labrador que los diese simiente, y guardaban para mejores tiempos la fuerza generatriz en su seno, fecundado por la sangre de dos naciones. Los graneros estaban vacíos, los establos desiertos, y las pocas reses que no habían sido devoradas por ambos ejércitos se refugiaban, flacas y tristes, en la vecina sierra. En los pueblos no ocupados por la gente armada no se veía hombre alguno que no fuese anciano o inválido, y algunas mujeres andrajosas y amarillas, estampa viva de la miseria, rasguñaban la tierra con la azada, sembrando en su superficie con esperanza de recoger algunas legumbres. Los chicos, desnudos y enfermos, acudían al encuentro de la tropa, pidiendo de comer. La caza, por lo muy perseguida, era escasísima y hasta las abejas parecían suspender su maravillosa industria. …". También las contribuciones e impuestos aumentaron para el pago de la guerra, habiendo años que los cifontinos no pudieron reunir lo exigido haciéndoseles más tarde pagar el doble de la primera cantidad.

En Cifuentes y su comarca, como en toda la actual provincia de Guadalajara no se libraron batallas campales entre ejércitos organizados que reseñar durante la contienda independentista, como sí había ocurrido durante la guerra de Sucesión con la batalla de Villaviciosa, pero sí transcurrieron por estas tierras infinitas acciones entre los guerrilleros y columnas o destacamentos franceses. Destacando la actuación del pueblo llano en estas escaramuzas al proporcionar víveres, refugio, dinero y hombres para la lucha contra el invasor francés. Recalcar que en esta guerra además de cómo es habitual enfrentar en el campo de batalla a dos ejércitos: las invencibles legiones galas por un lado y el desordenado ejército regular español por otro; la principal novedad va a ser el nacimiento de una nueva forma de lucha conocida como “guerra de guerrillas” que tuvo una grandísima importancia estratégica para decantar la contienda del lado español. Esta “guerra de guerrillas” no era un hecho nuevo como tal, ya que desde la antigüedad había sido practicada por cuantas poblaciones se oponían a un ejército invasor. Lo realmente nuevo consistió en animar a los jóvenes guerrilleros y a la población en general a que colaborara con unos ideales que mantuvieran viva la rebelión. A medida que los fracasos militares iban dejando al país en manos francesas, se extendió la guerra popular o “guerra de guerrillas”, motivada por estímulos que iban desde los sentimientos patrióticos, religiosos, hasta la necesidad de oponerse al pillaje enemigo. Las guerrillas eran incapaces de llevar a cabo acciones masivas, aptas para batir al ejército invasor. Sólo atacaban cuando eran superiores y, ante fuerzas mayores, huían sin comprometerse. Sin enfrentamientos directos con el enemigo, sus acciones más frecuentes eran las emboscadas a destacamentos, el asalto a convoyes y la intercepción de correos. Su mantenimiento era sencillo, pues buena parte del armamento y vestuario se lograba con los botines tomados al enemigo y, al combatir en terreno propio, contaban con el apoyo masivo de la población, a la que mantenían en su actitud de resistencia. Por otra parte, perseguían y castigaban a los colaboradores del enemigo y desorganizaban los servicios franceses de retaguardia. Prestaron inapreciables servicios de información y cobertura a los ejércitos regulares, cuando éstos pudieron volver a salir al campo de batalla.

El personaje que mayor relevancia, relacionado con la guerrilla, dio la guerra de la Independencia fue sin ningún genero de duda Juan Martín Díaz “el Empecinado” guerrillero, considerado como un ídolo en toda Castilla, que luchó de una manera muy especial y particular contra el todopoderoso ejército napoleónico librando importantes encuentros en suelo alcarreño, siendo tal su carisma que su sola presencia provocaba la sublevación de los pueblos por donde pasaba. La junta central le nombró capitán de caballería en abril de 1809, debido a sus victorias bélicas; este nombramiento le obligó a trasladarse desde la zona del Duero de donde era originario hacia Guadalajara, donde debido a su acreditada fama la junta provincial, establecida en Sigüenza el 12 de agosto de 1809, había solicitado su presencia. Juan Martín se interna en Guadalajara el día 11 de septiembre de 1809, asentando su cuartel general primeramente en Cogolludo. Bajo su mando tenía un escuadrón compuesto por unos 160 o 170 hombres a caballo, dividido en varias secciones encabezadas por sus más fieles lugartenientes Vicente Sardina, Saturnino Albuín, Mariano Navas, José Mondedeu y Segundo Verdugo.

De Cogolludo pasó “el Empecinado” a Sigüenza donde se puso al mando de todas las partidas que actuaban en Guadalajara, aunque se vio obligado a volver a Cogolludo ante la presencia de un fuerte contingente francés mandado por el general Sebastián, mientras la junta provincial se dirigía hacia Molina, volviendo en los primeros meses de 1810 Sigüenza a ser sede de la junta provincial. Entre tanto el Empecinado y su guerrilla eran capaces de poner en aprietos al ejército imperial, el mejor de Europa, con una milicia compuesta por paisanos convertidos en improvisados soldados de procedencia tan diversa como extraña: campesinos, seminaristas, estudiantes, desertores del ejército, hombres rudos que abandonaban a sus familias sin saber bien su destino, personajes anónimos que se identificaban por un mote, un antiguo oficio o defecto físico: el pescador, el estudiante, el manco, ... . Con ellos formó dos batallones: tiradores de Sigüenza y voluntarios de Guadalajara, que durante este tiempo hostigaron a los franceses por la zona de la campiña guadalajareña. A tal punto llegaron los daños que infringió el Empecinado a las tropas francesas que el rey José I se vio obligado a enviar a un general de su confianza nombrando a Joseph Léopold Sigisbert Hugo como gobernador de Guadalajara, incluyendo Sigüenza, una pequeña parte de la provincia de Soria y el señorío real de Molina de Aragón; teniendo como misión fundamental capturar al Empecinado y eliminar a su guerrilla, pero pronto observó su capacidad de movimiento y le resultó difícil seguir el ritmo de un hombre, que se guiaba más por la intuición y la lógica que por la táctica militar aprendida en los cuarteles. El general Hugo siempre fue visto con buenos ojos por el monarca napoleónico, así en septiembre de 1810, el rey José quiso reconocerle de manera insigne una nueva hazaña: la captura de un convoy de lana. Para lo que se personó en Guadalajara, donde gobernaba, y lo nombró conde, otorgándole el derecho a escoger el feudo del cual llevaría su nombre entre las tierras que con más esfuerzo había defendido contra las guerrillas: Sigüenza, Cifuentes o Cogolludo; aunque nunca se ha sabido con precisión por cual de esos sonoros nombres se decidió Sigibert.



Volviendo con el Empecinado y situándonos ya en el año de 1810 señalar que las partidas de guerrilleros se habían hecho tan temibles para los franceses en todo el territorio de la provincia de Guadalajara que el gobierno napoleónico decidió decretar su aniquilamiento, para lo que confían al gobernador militar dicha labor dotándole de un importante contingente humano compuesto por 1.000 infantes y 400 caballos. Decidiendo el general Hugo tomar la ciudad episcopal de Sigüenza el 2 de julio, y ese mismo día los franceses ocupan Brihuega, entrando el día 3 en Cifuentes y en Trillo, con objeto de controlar su puente sobre el Tajo. Las partidas de guerrilleros no oponían resistencia abierta a los franceses, sino que hostigaban sin cesar al enemigo y en distintos lugares a la vez, desarrollando una movilidad extraordinaria.

En la Gaceta de Madrid del lunes día 10 de septiembre de 1810 se comunica lo siguiente: “El General Hugo ha dado parte desde Sigüenza de la buena conducta de los Regimientos Real Extranjero, Real Irlandés, del 10º de Cazadores de Caballería Holandesa, del 2º de Cazadores Españoles y de las compañías Francas de Madrid y Guadalajara. La Junta de Sigüenza disuelta y las cuadrillas que estaban al mando del Empecinado han sido dispersadas, con lo cual se ha restablecido la tranquilidad en la provincia”. Datos que como veremos no concuerdan mucho con la realidad, aunque como salvedad a esto hay que recordar que las gacetas de uno y otro lado son su medio oficial de información y que en tiempos de guerra la estrategia propagandística e informativa son muy importantes para el devenir final de la contienda.

Mientras tanto “el Empecinado” con la mayor parte de su gente cubría los accesos a la sierra concentrándose en Cifuentes, en cuyo punto fue atacado el 14 de septiembre del citado 1810 por el general Hugo, que desde Brihuega se dirigió contra él con una columna móvil de 1.000 hombres de infantería y 400 caballos. El fuego de las guerrillas que se encontraron entre las poblaciones de Solanillos y Gárgoles de Arriba, se sostuvo con el mayor tesón de una y otra parte, siendo rechazados los franceses, hasta que reforzados en gran número obligaron a los españoles a replegarse hasta Cifuentes. En las inmediaciones de la villa condal se desarrolló una acción muy reñida entre las dos divisiones, y todos los esfuerzos del enemigo no fueron bastantes para replegar a los españoles, que sostuvieron un vivo fuego desde las dos de la tarde hasta después de anochecido. El general Hugo hizo noche en Cifuentes, y el Empecinado en Canredondo, y tan poco seguro se encontraba el general francés que no queriendo esperar el ataque que los españoles le preparaban para el día siguiente, se retiró al amanecer, maltratando a varios de sus indefensos vecinos e incendiando sin piedad algunos barrios cifontinos. Emotiva es la descripción que narra el jefe de la hueste española al dar vista a Cifuentes preparados para el ataque esa misma mañana y que encontramos en la gaceta de la Regencia fechada en Cádiz el 30 de octubre de 1810: "...no pudo dejar de conmover la horrorosa vista de un fuego tan extendido y tan voraz que iba a reducir en breve a cenizas toda la población, y que por más que lo procuré no pude contener por ninguna parte; algunos de mis soldados encontraron todavía pedazos de camisas embreadas y otros muchos mixtos (fósforos o cerillas) de que se valieron (los franceses) para el incendio...".

No contentos con incendiar la villa de Cifuentes los franceses culparon a la guerrilla de la ejecución del incendio. Así el gobierno afrancesado publicó en la gaceta de Madrid fechada en la capital el 17 de septiembre de 1810 un relato totalmente contrario al anterior, mostrando especial ahínco en desvirtuar los hechos, al señalar: “… El señor general Hugo habiendo sabido que el jefe de la guerrilla el Empecinado había ido a Cifuentes con 2.000 ó 3.000 hombres (número que no se corresponde con la realidad y que es deliberadamente exagerado), compuestos de diferentes cuadrillas reunidas a la suya y de un gran número de paisanos arrancados de los trabajos del campo, salió el 14 de Brihuega con una columna de 900 hombres de infantería y 250 de caballería para buscar al enemigo. No tardó en descubrirlo; las cimas de las montañas que dominaban a Cifuentes estaban cubiertas de tropas del Empecinado, las que, a pesar de las ventajosas posiciones que ocupaban, fueron prontamente desalojadas. Luego que el enemigo abandonó las alturas se retiró en desorden y con una rapidez increíble, fue perseguido, echado de todos los puntos, dejando el campo de batalla cubierto de muertos, heridos y armas que abandonaron huyendo. Esta brillante acción se ha conseguido casi sin pérdidas por nuestra parte pues sólo se reduce a 7 muertos y 15 heridos. En la noche siguiente al combate se prendió fuego a Cifuentes. A pesar de los esfuerzos de las tropas francesas por cortar sus progresos, prendió la llama en un almacén de pólvora que “el Empecinado” había hecho y ha volado muchas casas …”.

Sobre estos puntos señalar que es difícil de entender que la guerrilla del Empecinado construyera un polvorín en la línea más avanzada en ese momento, siendo más normal que lo tuviera en su retaguardia y en algún lugar mucho más recóndito que la villa condal. También reseñar la afirmación hecha por los cifontinos de la época en la que exponen como los franceses habían sufrido muchas bajas en la batalla y pensaban retirarse por temor al inminente ataque de la guerrilla, pero antes de dejar Cifuentes se dedicaron a saquear los templos y las casas como tenían por costumbre, y tras incendiar varios inmuebles impidieron que el vecindario apagara el fuego, celebrando enfervorizadamente el aumento de las llamas que devoraron ciento treinta y seis casas.

Enumerando los daños sufridos en la villa de Cifuentes señalar que el barrio que se levantaba en las faldas del cerro del castillo que construyera don Juan Manuel quedó derruido casi por completo; siendo tan grande el destrozo que al ser reedificado se le llamó, y sigue llamándose en la actualidad, “barrio nuevo”. Igualmente fueron derruidas las casas que se levantaban entre el convento de San Francisco y el hospital del Remedio. Otro barrio cifontino que sufrió muchos estropicios fue el que se levanta entre el convento de Santo Domingo y la puerta Briega, que daba salida por la muralla hacia el camino de Brihuega, aunque aquí el incendio paso rápido y únicamente destruyó los pisos altos. Dada la pérdida de tantas viviendas en la villa los hospitales se tuvieron que habilitar de manera temporal para viviendas, como lo prueba el acta de la visita girada al hospital del Remedio el 22 de septiembre de 1815 por don Francisco Domingo Ferro, arcipreste de Medinaceli y visitador del arciprestazgo de Cifuentes por orden del obispo de Sigüenza, señor Bejarano. Según este documento, la capilla se encontraba decente, con altares e imágenes intactos, pero sin los ornamentos, vasos sagrados y demás objetos litúrgicos que existían en la anterior visita efectuada en 1794, por haber robado todo los franceses; dice el visitador que entró en la casa del hospital, hallando casi todas las piezas “habitadas por pobres vecinos que pagan su alquiler y a cuya provisión ha dado lugar la estrechez de casas a que ha quedado reducida esta villa por el incendio de los franceses en 1810” y añade que “como este establecimiento no debe tener otro fin ni otro uso que la curación, asistencia y demás necesario al mejor estar y salud de los pobres enfermos, es de absoluta necesidad el que a la mayor brevedad queden expeditas las dichas habitaciones; y que el salón grande para hombres, donde hay tres alcobas buenas y abrigadas, así como la otra pieza grande con alcobas para mujeres, se dispongan inmediatamente para que puedan recibir cualquier enfermo que lo necesite”. También ordena que se respete el convenio entre ese hospital y el de San Salvador, o del Socorro, no atendiendo los dos hospitales al mismo tipo de enfermos, ya que a raíz de algunas diferencias surgidas entre ambas instituciones sobre su misión concreta, se determinó que en el del Socorro se recibieran solamente pasajeros pobres o enfermos llegados de otros lugares, mientras que en el del Remedio se atendiera a los enfermos de la villa.

En la continua movilidad radicaba la fuerza de esa guerrilla que contaba entre sus filas con perfectos conocedores del terreno lo que les permitía agilizar sus desplazamientos y con la ayuda y complicidad en todo momento de la población civil que, como ya hemos apuntado, les dotaba de lo necesario para su lucha diaria. Los guerrilleros no podían entretenerse a guarnecer poblaciones que continúan expuestas a ataques de un enemigo aguerrido y bien pertrechado de artillería. Por lo que tan pronto como los franceses abandonaron las cercanías de Cifuentes y en la villa quedó extinguido el incendio, la hueste del Empecinado siguió en pos de aquellos hasta verlos acogidos al amparo de las viejas murallas de Brihuega, y torciendo a la derecha sorprendió el día 19 de septiembre en los llanos de la Alcarria de Mirabueno un convoy enemigo protegido por 800 infantes y dos destacamentos de caballería, causándole muchas bajas, apoderándose de su mercancía y obligándoles a refugiarse en Sigüenza; inmediatamente se trasladaba el Empecinado a Cogolludo, y al saberlo el monarca intruso, José Bonaparte, que estaba en Guadalajara con ánimo de ir a Sigüenza, optó por regresar a Madrid.

Entre todos estos acontecimientos, Juan Martín "El Empecinado" había recibido un despacho real nombrándole brigadier, expedido por la junta central. Este cargo le igualaba a los más grandes y le acreditaba como un militar ejemplar y brillante. Continuó durante 1810 y 1811 luchando contra el invasor francés en suelo de la actual provincia de Guadalajara, y ante la imposibilidad de derrotarle en la batalla el propio general Hugo le ofreció que se pasase a su bando, con la rotunda respuesta negativa del Empecinado recalcándole que se debía a la defensa de su patria. Aunque no detallaremos en este estudio todas sus actuaciones por carecer de importancia para la conmemoración que en este estudio ponemos en valor, únicamente recordaremos como en 1811 volverá a luchar en Cifuentes.

Señalar aunque ya pasada la acción bélica del año 1810 que en el presente estudio conmemoramos dos nuevos episodios de la guerra de la Independencia que contaron con la presencia de Cifuentes y su comarca como protagonistas. Así tenemos nuevas noticias de la estancia del general Hugo en la villa de Cifuentes, esta vez acompañado por su hijo que años más tarde se convertirá en el reconocido literato de fama mundial Víctor Hugo. Corría el 20 de enero de 1811 y el general francés paró en Cifuentes para dar alimento y un poco de descanso a la tropa, compuesta por unos 1.200 infantes y 300 caballos; no habiendo ningún enfrentamiento con la guerrilla española. Hugo había salido por la mañana de Brihuega y al anochecer entraba en el pueblo de Canredondo. Tras varias escaramuzas por la sierra del Ducado, a la vuelta los franceses llevaron a cabo una serie de acciones de castigo en varias poblaciones de la Alcarria Alta cometiendo importantes brutalidades en: Ruguilla; Gárgoles de Arriba, Gárgoles de Abajo, Gualda o Solanillos.

De nuevo el 12 de junio de 1811 Cifuentes fue escenario de un enfrentamiento entre franceses y guerrilleros. Con más tropas de apoyo Hugo marchó en dirección a Molina, pero al llegar a Cifuentes le esperaba la guerrilla del Empecinado pertrechada en los cerros próximos a la villa y con cuatro cañones emplazados en el cerro de San Cristóbal, armamento que era empleado por primera vez por la guerrilla de Juan Martín en este combate y que manejaron con especial brillantez los artilleros valencianos que acompañaron a la guerrilla. Pese a la novedosa artillería incorporada en la refriega los guerrilleros no pudieron derrotar a la columna francesa, siendo estos muy superiores en número y, tras haber causado grandes bajas al enemigo, el Empecinado hubo de retirarse por la noche, como ya hiciera en otras ocasiones, a la población de Canredondo, mientras hacía conducir los cuatro cañones, cruzando el Tajo, hacia Morillejo para frustrar el intento de los franceses de hacerse con ellos, ya que tenían especial interés en apoderarse de la artillería española para evitar que la emplearan en nuevos asaltos. Los franceses tuvieron gran cantidad de bajas en la citada emboscada, según notifica la gaceta de la Regencia del 6 de agosto, ya que según filtraciones de los espías de la capital, el día 21 llegaron a Madrid dieciocho prisioneros españoles procedentes de Guadalajara y cinco carros con heridos franceses. En esa misma gaceta se incluye un parte de la junta provincial fechado en Sacecorbo a 10 de julio, en el que se señala que los franceses siguieron en la villa de Cifuentes hasta saber que el Empecinado se encontraba lejos de ella. Apuntar que esta fue la última escaramuza que vivió la villa de Cifuentes durante la guerra de Independencia, no siendo escenario de nuevas batallas aunque sí sufriendo el saqueo francés cada vez que la villa tuvo que alojar al ejército invasor, alcanzando la paz perdida con la victoria definitiva y la expulsión francesa de territorio español.

Recordar que sobre la villa de Cifuentes durante la guerra de la Independencia podemos encontrar más datos en la obra culmen de la novela histórica, los “Episodios Nacionales” del gran novelista del realismo español Benito Pérez Galdós, concretamente en la novena novela de la primera serie titulada Juan Martín el Empecinado. En este tipo de novelas se utilizan hechos verídicos aunque los personajes principales sean inventados, así Galdós narra en la novena novela las peripecias de Gabriel de Araceli, huérfano gaditano, enrolado en las filas de los guerrilleros comandados por Juan Martín el Empecinado, describiendo de modo exhaustivo la forma de vida en la guerrilla y los diferentes tipos humanos que en ella participaron. Localizando la villa de Cifuentes como lugar donde se refugian de la guerra su amada Inés y la madre de esta Amaranta; y narrando a través de las cartas que éstas remiten a Gabriel las entradas de los franceses en la villa de Cifuentes, el ataque a su castillo, la visita del Empecinado, … .


Fernando Bermejo Batanero  para  Cifuentesnet © 3 de Abril 2013
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