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Discurso apertura del curso escolar por S.S.M.M. los Reyes de España (Cifuentes 1994)

Palabras de Su Majestad el Rey al Mundo de la Educación en la apertura del Curso escolar 1994-1995, Cifuentes (Guadalajara), 14 de septiembre de 1994

Deseo comenzar mis palabras señalando nuestra satisfacción por estar en esta ciudad de Cifuentes y desde aquí, en los centros públicos que acabamos de visitar, inaugurar el curso escolar.

Agradezco al Alcalde, a la corporación municipal y en general a todos los habitantes de Cifuentes, el afectuoso recibimiento que nos habéis dispensado.

Todos los alumnos y especialmente los cifontinos experimentáis hoy a buen seguro, como lo hicimos la mayor parte de los que hemos podido disfrutar del paso por las aulas, la inquietud por las novedades y lo desconocido del nuevo curso y la ilusión por identificar enseguida a los nuevos compañeros y profesores, ocupar las nuevas aulas o abrir los nuevos libros.

Es este un nuevo curso en el que todos renovamos el deseo de que la importante misión que confiamos a la enseñanza sea culminada con éxito. Depositamos en la educación altas esperanzas y a ella encomendamos elevados objetivos.

Efectivamente, en nuestro entorno, y desde que se han implantado los modernos sistemas educativos, las sociedades han procurado transmitir, a través de la educación, sus valores fundamentales a los jóvenes y han tratado de prepararlos para su participación responsable en las distintas actividades e instancias sociales.

También nuestra Constitución y las principales normas educativas que la desarrollan, destacan la importancia que tiene la educación para la consecución de los objetivos sociales. La apuesta por la convivencia democrática y en libertad que hemos realizado los españoles, por la consecución de un elevado grado de bienestar material y cultural y por la conquista de nuestro futuro, encuentra en la educación un instrumento indispensable y, seguramente, uno de los más eficaces.

Así, en nuestro país encomendamos a la educación, entre otros fines fundamentales, el pleno desarrollo de la personalidad de los alumnos, su formación en el respeto de los derechos y libertades y en el ejercicio de la tolerancia, dentro de los principios democráticos de convivencia; la formación para la paz, la cooperación y la solidaridad entre los pueblos; la capacitación de los jóvenes para el ejercicio de actividades profesionales y su preparación para participar activamente en la vida social y cultural.

A la educación le atribuimos, también, una importante capacidad para combatir la discriminación y la desigualdad, sean éstas motivadas por razón de nacimiento, raza, sexo, religión u opinión, tengan un origen familiar o social, estén arraigadas o aparezcan de nuevo como consecuencia de la propia evolución de la sociedad.

En resumen, encomendamos a la educación la delicada e importantísima tarea de formar ciudadanos responsables, honestos, solidarios y bien preparados para afrontar con éxito los retos de nuestro desarrollo, en ese camino que conduce, a través de la convivencia pacífica y democrática, hacia un futuro próspero y que proporcione mayores cotas de bienestar a todos.

La educación infantil y la educación primaria, que estos días iniciarán sus actividades en las escuelas y colegios de todo el país, asumen una primera y decisiva responsabilidad, ya que deben proporcionar a todos los niños una formación que les permita adquirir los elementos culturales básicos y deben facilitarles el aprendizaje esencial de la expresión oral, la lectura, la escritura y el cálculo aritmético. Estos aprendizajes son indispensables para que los alumnos puedan afrontar con éxito la formación posterior e incorporarse en condiciones más favorables a la vida activa.

Además, en los centros educativos que, como el vuestro, están alejados de los grandes núcleos urbanos, la importancia de la educación se acrecienta porque añade a sus múltiples compromisos la necesidad de garantizar una efectiva igualdad de oportunidades para sus alumnos.

Las instituciones en general, el Ministerio de Educación y Ciencia, las administraciones educativas y todos los que tienen responsabilidades en el ámbito de la educación deben redoblar sus esfuerzos por llevar la oferta educativa a estos centros en las mismas condiciones de variedad, riqueza, y calidad de las que pueden beneficiarse los alumnos de los centros más favorecidos por razones de ubicación o entorno sociocultural.

Si a la educación le encomendamos tan importantes responsabilidades, y en ella depositamos tantas esperanzas, es necesario que pongamos a su disposición todos los medios necesarios para que sus objetivos sean satisfactoriamente alcanzados. Corresponde al conjunto de la sociedad impulsar decidida y firmemente las tareas educativas apoyando, por un lado, la adopción de las decisiones adecuadas a los fines establecidos. Pero es también necesaria la colaboración de la sociedad con los profesores y los responsables educativos y la implicación constante de las familias, las corporaciones locales, las empresas y los medios de comunicación en el quehacer diario de los centros docentes, a través de los cauces de participación establecidos y mediante la asunción por parte de cada uno de estos agentes sociales de las responsabilidades educativas que les corresponden.

Los profesores son los responsables directos de educar a nuestros alumnos. Para llevar a buen término su tarea necesitan estar bien preparados y satisfechos con su trabajo y con las condiciones en que lo ejercen. Precisan también del decidido apoyo y colaboración de la sociedad y es necesario, además, que perciban el reconocimiento social de la dificultad de la labor que se les encomienda. Por ello, quiero aprovechar esta ocasión para haceros llegar a los maestros y profesores que hoy nos acompañáis en este acto, y a todos vuestros compañeros, mi comprensión y apoyo por el gran esfuerzo que venís realizando. Y, con ello, quiero alentaros para que renovéis una vez más dicho esfuerzo que cuenta con el respaldo de las autoridades, las instituciones y el conjunto de la sociedad.

Para terminar, quisiera retomar mis primeras palabras dirigidas a los niños que en estos días comienzan el nuevo curso y a los jóvenes que lo harán en las próximas fechas, para desearos, a vosotros y al resto de los estudiantes españoles, a sus padres y a sus profesores, el mayor éxito en vuestra tarea.

La Reina y yo os damos nuevamente las gracias por la gran acogida con la que nos habéis recibido, que tanto nos ha emocionado y que nos ha permitido compartir con vosotros esta vuelta a clase de los jóvenes y niños de España.

Queda inaugurado el curso escolar 1994-95.

Se levanta la sesión.

La Rondalla de Cifuentes actua para SSMM Los Reyes de España en la puerta del Instituto Don Juan Manuel



Miguel Cabellos Losa  para  Cifuentesnet © 10 de Julio 2007
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