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Añoranzas de una Feria

Recuerdos de la antigua Feria

Me he sentado en el alto del Cerro de la Horca, con mi merienda, que me ha preparado mi abuela María, un poco de pan con miel y unas almendras. Estamos en víspera de la Feria de los Santos en Cifuentes.
A lo lejos oteo una caravana de gitanos por la cuesta de Las Peñuelas, que vienen a la feria de los Santos Simón y Judas, aproximadamente unos cincuenta con sus burros y mulas.
Vienen cargados con sus colchonetas de rayas rojas rellenas de paja y sus enseres.
La encabeza un caballo tordo con un jinete, aprecio que este gitano es conocido y habitual en la feria., pero para cerciorarme, bajo del cerro y efectivamente es “el Kañero”, con su bigote blanco y su acento tan característico de la raza calé.

Lo saludo y él amablemente me da las buenas tardes, se acerca su hijo y me extiende su mano para saludarme, yo le correspondo con un apretón de manos.
El Kañero me pregunta: ¿Cómo está el pueblo de personal? Le contesto, ya se aprecia bastante jaleo, he visto varios muleteros, con su blusa negra característica, deben ser los de Tendilla. Y tu padre, ¿me tendrá preparado ese cuarto de cabrito?, que traigo unos burros que son canela, para venderlos y ya sabes que los tratos se cierran en vuestra taberna y espero ir varias veces. Los cabritos están de camino, le digo, pues ha ido mi padre con “el Taina” al Morrón, que los lecheros ya los tienen apartados y Vitorina ya tiene las judías pintas en agua.
El Kañero acelera el paso, porque la tarde empieza a pardear y tiene que buscar una paridera para cobijarse durante estos días. Me despido y su hijo, “el Kañerín” que es de mi edad, queda para dar una vuelta. Es la víspera, hace frio, empieza a helar, ya es de noche.
Me acerco a la plaza y me está esperando el Kañerin con su hermana “la Chaparrita” Lo primero que vemos es al Tío de las milhojas, con su sombrero de bombín, alto y desgarbado con su peculiar forma de ir pregonando. ¡Compre usted milhojas! Y así, repitiéndolo varias veces, a nosotros se nos van los ojos, detrás de esa bandeja que lleva sobre su pecho con una correa al cuello .Vende milhojas y a la vez hace trueque con judías y garbanzos.
Vamos curioseando los puestos, vemos a un señor albino, nos preguntamos si será el hombre de la rata.
El hombre de la Rata (es un conejo muy raro) está extendiendo su tinglado, redondo con sus apartados, colocando una carta de la baraja española en cada hueco, nosotros fisgando a ver si vemos la rata. Este juego empezaba comprando unas cartas de madera del tamaño de medio folio al precio de una perra gorda, este señor tocaba una campanilla, ponía las manos juntas, como si estuviese rezando y a continuación soltaba la rata metiéndose en algún apartado; ganaba el que tenía la carta de ese apartado y, de premio, una bolsa de almendras garrapiñadas.
Nos acercamos a Don Ricardo (maestro de la escuela), a darle las buenas noches y saludarlo. El kañerín se funde en un abrazo, don Ricardo le pregunta que cómo lleva la tabla de multiplicar, que cuando te fuiste, le dice, no la entendías. Él le responde: ya sabe usted que lo mío es la suma y la resta, me alegro mucho de poder saludarle. Y nos despedimos.
Chaparrita quiere un dulce, nos acercamos a ver a la tía Felipa “ la coja” ( está su hija preparando el brasero con un poco picón de encina) se nos van los ojos al ver tantos dulces, compramos un martillo de caramelo por una perra gorda.
Damos unos pasos, vemos a Félix “El Rata” y a su esposa Esperanza, con todos los atuendos de albardas, alforjas, collarines, varios bordados en cuero y demás atuendos de las caballerías., del que guardo un buen recuerdo por su forma de ser con los niños, siempre amable y su sonrisa picarona. Le revolvemos el puesto pero no se enfada, con tal de que estemos un rato con ellos. Nos ofrecen unas castañas asadas y con mucho gusto aceptamos, para combatir un poco este frio que nos traspasa
A lo lejos se escucha música, nos acercamos, es en el baile de Miguel, “el Anguera”. Los músicos del pueblo, Andrés “el alguacil”, Bernabé y Miguel “el Escopeto”, tocan un magnífico pasodoble. Cuando canta Miguel, a los chicos nos hace mucha gracia esos gestos tan característicos (tuerce la boca, guiña un ojo). Tiene una correa en su muñón para sujetarse la baqueta que toca la caja de música.
Se encuentran personas de los pueblos aledaños y está abarrotado de gente, los chico@s bailamos en la puerta, porque no nos dejan pasar, pues somos menores de edad.
Al día siguiente, amanece Cifuentes nevado, pero esto no es un obstáculo para la cuadrilla de amigos que nos juntamos.
Vamos en dirección a la puerta Salinera y al pasar el puente de la cavilla, vemos que están los de Alaminos y Cogollor, preparando los cochinillos en sus carros, los exponen para venderlos o cambiarlos por judías o garbanzos o patatas, incluso por alguna oveja.
Entre la cuadrilla, siempre hay alguno que quiere ver cómo gruñen los cochinillos y les hacen de rabiar pinchándoles con un palito.
Un poco mas allá están cerrando un trato el tío Calambres con el tío Conejillo de Cogollor, quiere un cerdo para engordarlo y pasar más agradable el invierno.
El cerdo pesa aproximadamente unos 30 kilos y le ofrece 10 kilos de judías y 5 duros (25 pts), al final se cierra el trato.
Nos dirigimos hacia el castillo, está repleto de cabras y ovejas, esta parte la tienen dominada los serranos de Canredondo y Esplegares, en un atajo de cabras se ve algún cabrito y nosotros nos acercamos a tocarlos, pasándoles la mano por el lomo y apreciando esa suavidad de su piel.
Escuchamos cómo cambian el ganado, unos ya son mayores y se quieren deshacer de sus animales; otros quieren aumentar su ganado, pero al fin todo se arregla.
En la parte de abajo los gitanos tienen atados a la pared una gran cantidad de burros, mulas y caballos. Con la labia que tienen los gitanos, ofrecen un burro que por la pinta que tiene, debe tener varios años, observamos que el burro tiene algo raro en la piel y efectivamente lo han teñido para dar mejor presencia al animal.
Ofrecen una mula castaña, enseñando los dientes del animal, para que vean que no tiene tantos años. Los burreros de Brihuega están detrás de esta mula y observan que en los dientes hay marcas raras, pasan a una yegua y aquí sí hacen trato, sellándolo con un apretón de manos y unos vinos con un poco de escabeche en la taberna de la Luisa.
Más abajo, José “el Jeta” se esmera en esquilar un caballo, preparándole unos adornos en su lomo trasero y una trenza en su cabellera que para esto en un artista.
Pasamos por la calle Remedios, están puestas las albardas y monturas con sus adornos de cuero. En una puerta de los Cabellos (Pedro y Vicente) cuelga un congrio de agujeros, que nos llama la atención y la curiosidad de este pescado. Enfrente la viuda . De Cabellos, con sus pellizas y prendas de abrigo, sobre la pared tiene montado un gran tenderete.
Al entrar en la plaza un charlatán ofrece baratijas, se dirige a una señora diciéndole, le vendo una pulsera con trescientos sesenta y cinco eslabones, tantos días como tiene el año, grabado a fuego por el maestro joyero y que cuánto cuesta y que cuánto vale, en mis manos nada, pero por ser para usted y para los diez primeros que se acerquen, por el módico precio de un duro, quedará en su poder. La señora pica, pero al poco rato se da cuenta que es de hoja de lata. (Este dicho lo repetíamos los niños muy a menudo)
Por la zona de “los Cruces” está un señor de Jadraque que expone cuchillos que él mismo fabrica de las ballestas de los coches, sartenes y algún cencerro.
Avanzamos por la parte de la carnicería de Marcelino y está el confitero de Trillo (Mariano) con su puesto repleto de pasteles y, a la vez, comprando calabazas de cabello de ángel. Cerca está Felipe de Huetos, con algún almirez característico y contando algún chiste.
El día se acaba y la feria se despide hasta el próximo año, la gente se acumula en la plaza, cambiando impresiones, la pregunta que más se escucha: ¿qué te has feriado?
Pido perdón por si alguien se ofende por sus motes, pero son recuerdos de mi infancia y los quiero compartir.



Faustino Batanero Garc?a  para  Cifuentesnet © 24 de Octubre 2007
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